Ceferino Sain
PROTOCOLO FAMILIAR
Anticiparse a los problemas
Los problemas forman parte de la vida y del funcionamiento natural del mundo empresarial. Es más, muchos de ellos se convierten en experiencias de las que se obtiene un aprendizaje y que permiten crecer y madurar. Pero esto no significa que haya que buscarlos. Muchas veces los problemas suceden porque no hemos sido capaces de evaluar los riesgos y prever que podrían ocurrir en el futuro.
 
27-09-2017
 

Un problema, dos caminos
Ante un problema siempre hay dos alternativas: anticiparse o esperar a que ocurra. Ser capaz de anticiparse es una habilidad de los buenos profesionales que beneficia a la empresa ya que evita tener que emplear esfuerzos extra en solucionar algo que se podría haber evitado. Ser capaz de prever los problemas y conseguir que no ocurran impacta directamente en la rentabilidad de la empresa, logra su permanencia y crecimiento en sus diferentes mercados, hace crecer la productividad del capital humano y de los recursos y, en conjunto, permite alcanzar los objetivos planeados para la empresa.
Sin embargo, esperar a que ocurra un problema impactaría tanto al responsable como a la empresa. Tendría un coste económico, disminuiría la utilidad de la empresa e incluso podría causar pérdidas y obviamente la empresa no lograría los objetivos planeados.
Hablamos de una visión prospectiva. Las empresas tienen necesidad de mirar con mayor prospectiva una nueva visión estratégica de largo plazo y hacerse una serie de preguntas. En caso de las empresas familiares, estas preguntas son incluso más necesarias para asegurar su supervivencia frente a sus competidores. ¿Qué nuevas necesidades tendremos que satisfacer más delante de nuestros clientes? ¿Cuál será nuestra estrategia? ¿Qué posibles conflictos surgirán?

El protocolo familiar, una forma de anticiparse
El protocolo familiar es un instrumento que permite a las empresas anticiparse precisamente a esta última pregunta, pues da respuesta a la manera en que una empresa familiar debe actuar en casos como conflictos entre sus miembros, el asunto de la sucesión o la incorporación de personas ajenas a la familia en la dirección de la compañía.
Este tipo de conflictos suelen ser en general más complejos y difíciles de solventar que aquellos que suceden en empresas donde sus miembros no se juegan tanto (su proyecto de vida, su propio apellido y su identidad como familia). En la gerencia de las compañías familiares se mezclan muchos sentimientos personales dentro de la realidad profesional, por lo que las disputas acarrean lastres que se escapan al ámbito laboral.
Gracias al protocolo familiar los conflictos se resuelven antes de que se produzcan. El protocolo permite a la familia reflexionar racionalmente ante una hipotética situación en lugar de hacerlo cuando la situación ya es real, de manera que las emociones se mezclan y hacen que las decisiones se tomen a veces acaloradamente y mezclando sentimientos personales en ellas.
Así, cuando el conflicto llega, se sigue el protocolo, acordado previamente con todos los miembros de la familia, con lo que las disputas se solucionan de manera más constructiva para todos.

 
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