Ceferino Sain
CONSEJO FAMILIAR
Decálogo para implementar con éxito un consejo de familia
Tras analizar las principales ventajas de tener un consejo de familia, aquí tienen diez consejos que ayudarán a implementar con éxito este órgano de gobierno familiar.
 
26-01-2017
 

Disponer de un nivel de comunicación mínimo dentro de la familia
Solo tiene sentido iniciar el consejo de familia cuando se ha logrado un nivel de comunicación y transparencia suficientes que eliminen las “agendas ocultas” y los temas tabú. Ha de existir un ambiente abierto de expresión de opiniones. Todos deben ser escuchados.

Establecer un nivel de respeto mutuo suficiente
Sin respeto mutuo no hay posibilidad de entendimiento. Deben definirse desde el principio límites claros sobre el ámbito de temas que se pueden  tratar y decidir desde el consejo de familia, sin invadir el ámbito empresarial. No hay que olvidar el respeto a la estructura corporativa de la empresa y tener presente las jerarquías en la empresa y en la familia. Es fundamental entender la diferencia entre genograma familiar y organigrama empresarial. Son realidades distintas.

Buscar siempre el consenso
Es deseable llegar a las decisiones por consenso, pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras si hay que llegar a votar. Eso sí, hay que eliminar la posible sensación de que las discrepancias u opiniones contrarias son malas. Se trata de buscar siempre el consenso, pero si no se logra es recomendable votar y aceptar el resultado. En caso contrario, no se avanza, no se mejora y el consejo de familia se vuelve inoperante.

Ser profesionales
Es importante acabar con el tópico de que lo familiar está contrapuesto a lo profesional. Hay que evitar pensar que solo los externos a la familia pueden aportar profesionalidad. Los familiares con responsabilidades como miembros del consejo de familia deben prepararse para llevar a cabo una actuación profesional y con rigor en el desempeño de sus funciones y en sus actuaciones.

Actuar preventivamente
Ninguna familia empresaria debería creerse inmune a los riesgos de conflictos ni infravalorar la importancia de los problemas en sede familiar. Los temas que afectan a la familia y a sus miembros necesitan una gestión y tratamiento específicos y adecuados a sus características, que no deben confundirse con los procesos de gestión empresarial.

Establecer estructuras formales para crecer sanos
Con el avance generacional, cuando se incorporan a la empresa un equipo de hermanos, un consorcio de primos, etc. se requiere disponer de mecanismos cada vez más formales para compartir información y tomar decisiones. En estas etapas, la sobremesa de los domingos ya no es suficiente, aunque siga siendo útil.

Evaluar para mejorar
Hay que perder el miedo a evaluar y a ser evaluados, pues es la única manera de transmitir cultura de esfuerzo y de exigencia. Medir los avances es la única forma de mejorar. La educación y los procesos de formación deben ser exigentes en términos de calidad, nivel y títulos exigibles.

Tener claros los objetivos y prioridades
Desde el inicio, el consejo de familia debe de tener muy claro qué quieren y esperan los miembros de la familia propietaria. ¿Qué espera cada uno en términos de dividendos, reconocimiento social, posibilidad de un puesto de trabajo, cuota de poder, etc.? Son temas sobre los que hay que hablar, reflexionar  y consensuar.

Velar por la continuidad
No basta con organizar reuniones esporádicas: hay que generar hábitos y procesos de análisis y decisión en equipo, “colegiadamente”, y ello requiere tiempo y esfuerzo. Dos reglas básicas: tener constancia y ser muy rigurosos en la preparación de las reuniones, redactando agendas, actas, etc.

Aclarar los conflictos del pasado
Antes de iniciar el consejo de familia, conviene resolver las posibles reivindicaciones
pendientes, si las hay, evitando que los posibles sinsabores del pasado pasen de generación en generación. Quizá cueste olvidar pero siempre se está a tiempo de perdonar.


Escrito por Josep Tàpies

 
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