Ceferino Sain
DECISIONES FAMILIARES
Todo queda en familia
Este parece ser el lema que orienta muchas decisiones en los negocios de familia: “todo queda en familia”. Como una especie de juramento de lealtad mutua, basada en una serie de juicios de valor subjetivos, inamovibles, incuestionables, una especie de biblia a la que sujetarse sin cuestionamiento posible. Un principio que establece que nadie mejor que familiares en roles, puestos y tareas claves.
 
27-07-2016
 

“Quien mejor que un familiar para cuidar nuestros intereses”. 
“Nadie mejor para conocer nuestros movimientos”. 
“Demosle la oportunidad, puede ser un gran jefe”. 

Cada uno agregue su propia reflexión casera. Veamos algunas implicancias de este principio en la vida de la empresa familiar: 
• Capacidad o genética?: tenemos que ser muy cuidadosos: ser parte de la familia no inmuniza, ni es sinónimo de capacidad directiva. No la heredamos. Con lo cual, estar preparado para gestionar empresas requiere de habilidades con las que no nacemos, liderar negocios no está en los genes. 
• Vientos de cambio: vivimos una era de cambio permanente, velocidad, modelos de negocios y productos rápidamente perecederos. Por lo tanto, tenemos que contar con los más hábiles, los más preparados para hacer de la empresa una organización que perdure en el tiempo. 
• Historia e identidad: un baluarte de la empresa familiar es preservar su historia, tradiciones, su identidad. Esto no debe confundirse con que solo la pueden gestionar miembros familiares. 
• Ser accionista, ser directivo: no hay que confundir el deseo de mantener en manos familiares la propiedad, las acciones, con creer que solo la pueden gestionar familiares. Son aspectos diferentes sobre los que ocuparse. 
• Aceptar las diferencias: no pretendamos que los miembros no familiares se comporten y sientan como los familiares respecto de la empresa. Lo mismo entre las diferentes generaciones. Es prudente reconocer las diferencias, y sacar provecho a lo mejor de cada uno. 
• Armonía y rentabilidad: la empresa familiar debe preservar, tanto la armonía familiar, como la rentabilidad del negocio. Ambos niveles los tenemos que liderar, para tener futuro. No siempre lo bueno para la empresa es bueno para la familia, y viceversa. Por eso es prudente preguntarse, ante ciertas decisiones: “haría lo mismo si no fuera una empresa familiar?” 
• Una bolsa de gatos: “todo queda en familia”, llevado a un extremo, significa pretender dar un lugar a todo miembro familiar. La familia, encantada, la empresa, con demasiados “kilos” de más. El afecto se “estira”, los números del negocio no. 
• Reglas de juego: una empresa familiar debe definir sus órganos de gobierno y reglas de funcionamiento, a partir de las cuales establecer quienes pueden ingresar, criterios de evaluación del desempeño (o sólo se puede evaluar a miembros no familiares?), y otras cuestiones relevantes a la participación de la familia en la empresa. 
• Ni blanco ni negro: se trata de grises, matices. De la capacidad de repensar siempre la organización y equilibrio del binomio familia empresa. No hay fórmulas, quien lo diga engaña. Se trata de cultivar una habilidad central en nuestros tiempos: conversar. 
• Los de afuera no son de palo: quiere decir que es positivo contar con personas externas que ayuden a pensar y tomar mejores decisiones. En muchos momentos, contar con personas de afuera, no comprometidas afectivamente con la vida de la empresa familiar, son útiles para mejorar el desempeño y sembrar un mejor futuro. 
• Todo queda en familia: una empresa familiar que se cierra en sí misma, según un estilo endogámico, en estos tiempos de cambio, se torna más inflexible, poco permeable a lo nuevo. Disminuye su capacidad de innovar, central para sobrevivir. Los miembros no familiares aportan una visión desprovista de la carga emocional familiar, lo cual es muy positivo. Abrirse a lo diferente es vital para hacer sustentable el sueño de la familia empresaria.

Escrito por Lic. Néstor Rabinovich 

 
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